El siguiente texto recoge varias ideas que fueron presentadas en el
conversatorio titulado “¿La integración de las IAs permiten el
pensamiento crítico en el aprendizaje?” organizado en la Universidad
Santo Tomás el pasado 07 de marzo. Se me pidió asumir el rol de quien cuestiona
o critica su aplicación. Quiero agradecer al profesor Miller Mauricio Murcia
quién aportó, desde la otra orilla, ideas que me sirvieron para ordenar
posteriormente estas notas que publico aquí. Nuestro debate transcurrió de
forma respetuosa y creo que al final fue importante señalar que, no se trata de
asumir una postura dogmática, sino de mantenernos abiertos a cuestionar
nuestras propias creencias. En una primera parte, presento la definición de
pensamiento crítico que tomo de referencia, para en una segunda, relacionarla
con la IA. Considero que el pensamiento crítico responde más a una etapa previa
y no posterior al uso de cualquier herramienta tecnológica.
El pensamiento crítico
Uno de los aspectos que más se señalan en los procesos de formación en la actualidad tiene que ver con la generación en nuestros estudiantes de lo que se llama un pensamiento crítico. Pero ¿Qué es eso del pensamiento crítico? El texto de Vendrell-Morancho & Valero (2025) hace una revisión de la evolución del pensamiento crítico en la filosofía, la psicología y la educación. Las autoras señalan que existe un interés en el campo educativo ya que se busca la formación de personas que actúen de forma racional y ética. En términos generales, se menciona que, se alude a tener la competencia para tomar decisiones informadas y participar de manera efectiva en el proceso democrático (Vendrell-Morancho & Valero, 2025).
El pensamiento crítico tendría sus antecedentes filosóficos en autores
como Sócrates y su método dialéctico, en Platón quién postula su distinción
entre el mundo de las ideas y el mundo material y en Aristóteles quién
consideraba importante la educación en la formación de ciudadanos y la búsqueda
del funcionamiento de la sociedad. Santo Tomás de Aquino en la edad media también
aparece como un referente importante ya que consideraba clave la necesidad de
someter a una crítica sistemática las ideas como una etapa previa y necesaria
de su desarrollo (Vendrell-Morancho & Valero, 2025).
Una última consideración que retomo de esta revisión histórica se centra
en el desarrollo del concepto, especialmente en el siglo XX. Las autoras citan
a John Dewey como uno de los más importantes representantes y aunque él hablaba
de un pensamiento reflexivo se terminó imponiendo la expresión “critical
thinking”. Durante los años ochenta se trató de avanzar en la creación de
consensos y la generación de pruebas que lograran medir este tipo de
pensamiento. Sin entrar en detalles, es posible distinguir entre un pensamiento
crítico que se aplica en la vida en general, en lo cotidiano y en contexto más
específicos o delimitados a un campo del conocimiento (Vendrell-Morancho &
Valero, 2025). Retengo la primera de las definiciones ya que es la que
considero más importante para relacionarla posteriormente con el uso de la IA.
Una persona que tiene una disposición para el pensamiento crítico en su vida cotidiana se caracteriza por: (a) curiosidad con respecto a una amplia gama de problemas; (b) preocupación para permanecer bien informada; (c) alerta a las oportunidades para usar pensamiento crítico; (d) confianza en los procesos de indagación razonada; (e) confianza en la propia capacidad de razonar; (f) mente abierta con respecto a visiones del mundo divergentes; (g) flexibilidad para considerar alternativas y opiniones; (h) comprensión de las opiniones de otras personas; (i) imparcialidad en evaluar el razonamiento; (j) honestidad al enfrentar los propios sesgos, prejuicios, estereotipos, tendencias egocéntricas o sociocéntricas; (k) prudencia al posponer, hacer o alterar juicios y (k) voluntad de reconsiderar y revisar puntos de vista donde la reflexión honesta sugiere que el cambio está justificado (Vendrell-Morancho & Valero, 2025, p. 13).
Otro texto que podemos citar es el de Madariaga & Shaffernitch
(2013) en donde se hace también una revisión del concepto de pensamiento
crítico. Retengo de esa indagación una cita que se hace de Facione (1990, 2000)
que lo define como “el juicio auto-regulado, para un propósito que resulte en
la interpretación, el análisis, la evaluación, la inferencia y la explicación
de evidencias y consideraciones conceptuales, metodológicas, acerca de
criterios y contextos”. Implica, en ese sentido, interpretar, analizar,
evaluar, inferir, explicar, auto-regularse, auto-corregirse y auto-examinarse.
Pero, más allá de estas competencias cognitivas se menciona que a pesar
de poseerlas de nada sirve si no se las apropia, sino se las usa. Por ello se
requieren atributos de disposición. Entre los más importantes atributos
figuran el ser inquisitivo; preocuparse por estar bien informado; confianza en
el razonamiento; apertura mental con otras formar de ver; flexibilidad en
relación con opiniones diferentes, comprensión del otro; prudencia y suspensión
de juicios; por último, y en asuntos específicos: claridad al expresar un
propósito, ordenado en el tratamiento de la complejidad, diligente en la
búsqueda de información relevante, razonable al seleccionar criterios,
preocupado en mantener la atención enfocada en el asunto bajo estudio,
persistencia frente a las dificultades, y precisión acorde a las circunstancias
del caso.
La IA y el pensamiento crítico
En 2022 tuvo un gran despliegue en los medios de comunicación la
presentación de la herramienta de Inteligencia Artificial Chatgpt. Si bien
existía desde hace décadas proyectos dedicados al mejoramiento progresivo de
aplicaciones que simulaban conversaciones con una persona (chatbots), no se
había logrado alcanzar un producto tan completo y de fácil acceso para toda la
población como este. Comenzó así toda una oleada de foros, eventos, artículos,
entrevistas a expertos y, no tan expertos, acerca de las amenazas y
oportunidades que se generaban con la introducción de esta tecnología, tanto en
el mundo del trabajo como en el de la educación.
La distinción entre competencias cognitivas y atributos de disposición es clave para reflexionar acerca de las potencialidades que nos puede ofrecer la IA en los procesos de enseñanza y aprendizaje. ¿Qué tanto promovemos nosotros como educadores estas competencias y atributos? ¿Cuál es la responsabilidad de otros actores como son las mismas familias? Hoy es claro que el uso excesivo de pantallas tiene implicaciones en la salud física y mental de los niños y adolescentes; pero también se han hecho numerosas investigaciones que muestran como quedamos a merced de los algoritmos. Lejos de tener la oportunidad para comprender a los demás, nos hemos encerrado en burbujas en donde predomina el pensamiento único. Muchos de estos jóvenes llegan así a la universidad, carentes de dichas competencias y atributos.
¿Puede entonces la IA favorecer el pensamiento crítico? Considero que el
pensamiento crítico es un proceso de formación que antecede cualquier uso de herramientas
tecnológicas y, desde este punto de vista, no se puede eludir la
responsabilidad de las familias en la formación de sus hijos. Sin embargo, es
claro, que, en muchos contextos e historias de vida, ha sido la existencia de
un docente o una institución de educación el factor desencadenante de procesos
reflexivos que transforman vidas enteras y así se genera un circulo virtuoso
cuando esos estudiantes se gradúan y constituyen sus propios hogares y educan a
sus hijos de una forma diferente a la generación que le antecedió.
Estos procesos de socialización primaria y secundaria son determinantes
en la construcción de nuestra identidad. Cuando surgió internet en los años
noventa del siglo pasado existió un optimismo generalizado hacia la
constitución de una civilización global, democrática, fraterna y creativa. Si
bien nos acercó y nos permitió conocer otras formas de ser, estar y hacer en el
mundo también nos llevó a la constitución de nuevos guetos, de la promoción de
fundamentalismos y de un enorme negocio que se ha ido consolidando en la medida
en que nuestros datos y nuestros patrones de consumo se explotan al máximo sin
que siquiera seamos conscientes de ello.
¿Por qué habría de ser diferente con la IA si hace parte de una
transformación estructural que inició hace ya varias décadas? Es claro que en
el proceso de entrenamiento que hacemos de los chatbots existe un traspaso de
nuestros prejuicios y de nuestras ideas que luego son replicadas. Así pues,
tendremos que aprender a convivir con buenas y malas prácticas promovidas a
través de dichas IAs.
Volviendo al texto de Madariaga & Shaffernitch (2013) se cita en él a
Noam Chomsky (2007) para señalar que el problema de la enseñanza tradicional es
que opera bajo modelos que dan prelación al aprendizaje y uso de técnicas y
procedimientos en detrimento de la búsqueda de fórmulas que permitan el
despliegue creativo y audaz de los individuos.
Visto desde este punto de vista una tendencia que puede tener lugar con
la llegada de la IA es que muchos de los procesos educativos terminen
promoviendo el uso de estas herramientas y nada aporten a la generación del
pensamiento crítico. Como señala organizaciones como la Foundation for Critical
Thinking la promoción de este tipo de pensamiento requiere de un trabajo
colaborativo, entre los diversos actores que componen un proceso pedagógico, en
donde nos hagamos conscientes de la forma en que nuestro pensamiento influye en
la manera como vemos el mundo. Cuando no se es consciente de él carecemos de la
capacidad de identificar problemas en dicha interpretación y en consecuencia no
estamos dispuestos a revisarnos y cambiar.
El pensamiento crítico implica un alto grado de responsabilidad para con
uno mismo. Implica que nos cuestionemos sobre nuestras ideas, que reconozcamos
cuando estamos equivocados y que estemos a la altura para corregir y cambiar de
postura. ¿Tenemos esa capacidad? ¿Podemos delegar esa responsabilidad en una
empresa que se ha quedado con todos nuestros datos para lucrarse y vender esa
información para manipularnos? Es importante recordar que detrás del
aprendizaje están los intereses comerciales de las empresas que han invertido
en estas tecnologías. ¿Cómo enfrentar ese riesgo de manipulación de nuestras
vidas? ahora consumimos herramientas gratuitas que en sus versiones free no nos
van a permitir un aprendizaje volcado al pensamiento crítico. Y replicando esta
tendencia de dependencia tecnológica vamos a tener que asistir una replicación
de un mundo de Inteligencias Artificiales de acuerdo con el tipo de formación
de base de quienes usaran esas herramientas en el futuro.
Cuando los estudiantes no reconocen el rol importante que juega el
pensamiento en sus vidas, pierden el control sobre él. Incluso pueden ser
víctimas y terminar atrapados en una situación que les puede traer más pérdidas
que beneficios. Es por eso por lo que antes que aprender a manejar una
herramienta como la IA se requiere aprender a controlar y aprovechar de manera
provechosa nuestro propio pensamiento.
Si bien ese potencial se puede desarrollar gracias al acompañamiento de
un docente, existe una parte muy importante que recae en el mismo estudiante
durante su proceso de aprendizaje. Se trata de unas habilidades o destrezas
intelectuales. Algunas soluciones implicarían la evaluación de los docentes,
pero también la aplicación de nuevos modelos de enseñanza. En cuanto a este
segundo aspecto, se señalan los modelos basados en problemas. Sin embargo, esa
propuesta no está presente ni en el nivel primario, ni en el secundario e
impacta, por último, en el perfil de los estudiantes que llegan a la
universidad. Habilidades como la lectura comprensiva son muy bajas en la
actualidad. Creo que aquí va un argumento más de crítica ya que el uso de la IA
va en contra de la generación de un hábito de lectura. Las respuestas rápidas,
las posibilidades de síntesis o la asimilación de respuestas sin siquiera
indagar por las fuentes de donde proviene la información impide que esa
herramienta fomente la generación del pensamiento crítico. La lectura atenta
implica tiempo y concentración mientras que la IA ofrece inmediatez y
superficialidad.
Madariaga & Shaffernitch (2013) proponen centrarnos en el desarrollo de habilidades no cognitivas (donde se incluyen aspectos actitudinales de pensamiento crítico). El problema está en suponer cierta madurez cuando estos estudiantes carecen del pensamiento crítico, o peor aún, suponer que el aprendizaje de una técnica va a llenar ese vacío. Retomando, por ejemplo, los atributos de disposición para un pensamiento crítico planteo estos interrogantes:
¿Cómo formar personas inquisitivas si los prompt que usamos son
construidos a partir de nuestros prejuicios? ¿Cómo promover estar bien
informado si la lectura de periódicos baja y las personas se informan por redes
como X, Tik Tok o Instragram? Antes podíamos reclamar a una empresa o
institución, pero hoy son personas (influencers o generadores de contenido) la
principal fuente y nunca cuestionamos de dónde provienen sus ideas. Los
análisis académicos que requieren tiempo y análisis desde diversas perspectivas
ceden terreno ante el rumor, la desinformación.
¿Cómo promover la confianza en el razonamiento si el uso excesivo de la
IA mina la confianza en nuestras propias ideas, a menos que sean validadas por
chatgpt? ¿Cómo promover la apertura mental en relación con otras formas de ver?
esta es una actitud que se pierde cuando tenemos herramientas que giran sobre
una sola idea y la repite hasta el cansancio.
¿Cómo promover la flexibilidad en relación con diferentes opiniones
cuándo hoy predomina el matoneo a quien se atreve a cuestionar los argumentos
del otro? No se considera que exista algo que aprender en quién es diferente a
mí. Asistimos ahora a una situación en donde se nos exige comprender al otro,
pero carecemos de esa habilidad para mostrar reciprocidad en la acción. Todo
termina girando en torno a nuestro ego y deseo de reconocimiento. Se pierde la
capacidad de empatía o se hace selectiva solamente en función de quién es
considerado como el más victimizado.
En suma…
Para finalizar, no creo que estos atributos de disposición se generen
con la IA. Responden más a los procesos de socialización que tal vez no son
exclusivos del colegio o la universidad. Se trata de actitudes que deben
promoverse en todo ámbito de la vida humana.
Cierro con una reflexión que me ha animado a ser docente. He crecido es
un país en donde el pensamiento sectario y extremista ha cobrado la muerte de
millones de personas. Conscientes o no han sido víctimas de nuestra incapacidad
como sociedad de ver en el otro una oportunidad para crecer y no solo una
amenaza.
Hace poco leí una columna escrita por Julián de Zubiria en el periódico
El Espectador en donde hace una reflexión acerca de la ley 2491 que busca
incorporar en los proyectos educativos institucionales el componente de
competencias socioemocionales. Si bien se reconoce la importancia de la ley al
reconocer el problema de la salud mental de los niños y adolescentes en los
centros de educación se queda corta para enfrentar el problema central de la
educación en Colombia. Ese problema radica nuevamente en un sesgo cognitivo que
permea la visión promovida por instituciones como el Ministerio de Educación
Nacional. Prestar importancia al cuidado emocional, el cultivo de la empatía y
la autonomía deberían ser el eje central de los procesos de formación. De nada
sirve querer enseñar a programar y construir algoritmos si los jóvenes carecen
de la capacidad para comprenderse a sí mismos y a los demás. Si este es el reto
en la enseñanza primaria y secundaria ¿Qué rol les cabe a las universidades?
Referencias
De Zubiria, J (2025) ¿Es pertinente una ley para promover la educación
emocional? El Espectador. Disponible en: https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/julian-de-zubiria-samper/es-pertinente-una-ley-para-promover-la-educacion-emocional/
Madariaga, P & Schaffernitch, M (2013) Uso de objetos de aprendizaje
para el desarrollo del pensamiento crítico. Revista de
Ciencias Sociales vol. XIX, número 3, pp. 472-484. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28028572010
Vendrell-Morancho, M., & Valeero, A. (2025) Cartografía del pensamiento crítico: principales aportaciones para repensar la educación. Educação e pesquisa, vol. 51., pp. 1-20. Disponible en https://doi.org/10.1590/S1678-4634202551278119es






